Cuevas del Águila (Arenas de San Pedro/ Rama Castañas/Avila)

 

CUEVAS DEL ÁGUILA

 

                                                 

Los chicos, ayudados de cuerdas y linternas se adentraron por lo que parecía una gatera de no más de 60 cm de ancho. Durante un buen rato, recorrieron unos 50 o 60 metros agachados hasta llegar a la gran sala principal. Después estuvieron perdidos por su interior casi cinco horas, hasta que lograron encontrar de nuevo la salida.1

Tras muchos duros trabajos de acondicionamiento, se abrió al público el 18 de julio de 1964. Es transitable prácticamente en su totalidad, estando muy bien acondicionada y señalizada, y no entraña ningún peligro su recorrido.

Morfología:

La propiedad del terreno donde se encontraron dio lugar a una demanda judicial por la que se dictó sentencia favorable a Eusebia Galán Jara como propietaria del 20 por ciento de la rentabilidad de las mismas desde el día en que entraron en explotación, según se desprende de una sentencia del Tribunal Supremo. Una apelación posterior a esta sentencia, dejó como única propietaria a Doña Dolores Muñoz Sanz. Hoy, las Grutas del Águila, son propiedad de una sociedad de los herederos de Dolores Muñoz.

Temperatura interior:

La temperatura en el interior es constante durante todo el año, teniendo una media de 17 grados.

El aspecto actual se data en unos 12 millones de años, con formaciones espectaculares en su gran sala de unos 10.000 m2, entre ellas numerosas «excéntricas», coladas, estalactitas y cortinas colgantes de múltiples formas, algunas tubulares y estalagmitas constituidas gota a gota desde el suelo.

En algún momento hace miles de años, el suelo cedió unos centímetros, lo que ocasionó la rotura de numerosas columnas, muchas de las cuales presentan un separación plana entre los dos trozos a media altura.

Las grutas están abiertas al público todos los días del año, desde el 18 de julio de 1964 con un recorrido de unos 1000 metros que dura unos 30 minutos en grupos acompañados.

Son de propiedad privada y la entrada cuesta 8 €, menores de 5 años gratis. el horario es de 10:30 a 13:00 y de 15:00 a 19:00 en verano y a 18:00 en invierno.

Garganta de la Olla

Garganta la Olla (Cáceres) es una villa, declarada Conjunto Histórico Artístico en 1978, que pierde sus orígenes en el siglo XIII, cuando la fundaron un grupo de pastores tras llegar de Cáparra. En aquella época, el pueblo recibió el nombre de Ad Fauces (‘junto a las gargantas’). La zona ya estuvo poblada desde muy antiguo en el tiempo, como lo demuestra la presencia de varios castros vettones.

Garganta la Olla es una población cacereña que se halla pocos kilómetros de dos localidades como Jaraíz de la Vera y Cuacos de Yuste, ambas situadas en la comarca de la Vera. Ya en el siglo VI San Galo fundó un monasterio donde está la actual la ermita de San Martín.

En 1560, una joven de la villa, doña Isabel de Carvajal, se escondió en los bosques de la sierra de Tormentos para evitar contraer matrimonio con un hombre al que despreciaba. La leyenda asegura que a partir de ese momento a dedicó a conquistar a cuantos hombres se cruzaron eso camino para asesinarlos.

 

La fama de esta joven alcanzó tanta popularidad que Lope de Vega, Arcipreste de Hita y Vélez de Guevara, compusieron versos en recuerdo de esta serrana asesina. Hecha presa por la Inquisición, murió ahorcada en Plasencia. Se le ha dedicado una estatua e incluso una fiesta conmemorativa. Es la Serrana de la Vera.

El casco viejo del municipio de Garganta la Olla presenta calles estrechas, como la vía del Chorrito, con balcones de madera y puertas dinteladas. El Barrio de la Huerta, por su parte, conserva casas de arquitectura popular, de adobe y de madera de castaño, con paredes entramadas que componen extrañas geometrías, pórticos de pies derechos, balconadas…

En Garganta la Olla se le rinde homenaje a la Serrana de la Vera.

El punto fuerte de Garganta la Olla es esa uniformidad y buen gusto estético a la hora de levantar cada casa. Todas con un poderoso piso bajo, una primera altura de entramado visto y una segunda con balcones recios desde donde saludar a los transeúntes. Las casas suelen disponer de tres plantas: la baja se utiliza de bodega, para guardar el vino: en la principal están las habitaciones, y en la tercera, el desván y una solana.

La iglesia de San Lorenzo, Monumento Histórico Artístico, fue construida sobre un antiguo templo pagano de estilo renacentista. Alberga un retablo y un órgano. Ambos del siglo XVIII. La torre (30 metros de altura), aparece decorada con el escudo de don Pedro Ponce de León.

La ermita del Cristo del Humilladero muestra decoración de cerámica talaverana. Data del siglo XVI y a lo largo de los años ha tenido grandes reformas. La casa rural, en la plaza, tiene uno de los mejores dinteles de la villa. El Ayuntamiento conserva soportales con columnas de granito procedentes de la desaparecida ermita de San Martín. Bajo los mismos se contempla la picota.

Cerca está la casa de Postas (siglo XVI) con un portal suspendido de una columna. Es una vivienda que fue utilizada en época de Carlos V como alojamiento para viajeros.

La casa de las Muñecas, antiguo prostíbulo, se construyó por indicativa de Carlos I para satisfacer el rijo de la soldadesca. La reina, sin embargo, impuso a las rabizas una condición parra diferenciarlas de las damas de bien: llevar el pico de las enaguas pardo, y de ahí la frase ‘irse de picos pardos’. Una de las peculiaridades que todavía conserva esta casa es su color azul. La pintaron así para que se supiera cuál era su fin.

Calabazas en Garganta la Olla./ DavidDaguerro

En la calle de la Piornala está la antigua cárcel donde la Inquisición atormentaba a los detenidos. En la misma vía se alza la casa de los Carvajal. Es el único lugar del pueblo que conserva un escudo nobiliario en la fachada. Aquí nació el virrey de Nápoles Pedro de Carvajal.

En la calle Toril está el Museo de la Inquisición en una de cuyas columnas se señala que perteneció a un miembro dude esta institución. En su interior hay varios objetos de tortura.

Junto al puente de la Piornala se conservan varios balcones colgados. Merece especial atención uno sostenido por una viga de madera sobre una gran roca. También vale la pena visitar la casa del conde de Acevedo. Y es que en Garganta la Olla hay mucho que conocer y visitar.

 

Cáceres,

     

 

Cuacos de Yuste y su monasterio del siglo XV que es patrimonio nacional.

   

El monasterio de Yuste es un monasterio y casa palacio en el que se alojó y murió Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico tras su abdicación. Se encuentra cerca de la población española de Cuacos de Yuste, en la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres. El convento actual se reconstruyó sobre las ruinas del viejo monasterio que sirvió de residencia al emperador en los dos últimos años de su vida (1556-1558). Fue declarado en 2007 como Patrimonio Europeo.1

El monasterio de Yuste data de 1402, cuando se construyó, según cédula existente, un cenobio que posteriormente dio paso al actual edificio, el cual fue erigido a iniciativa de varios vecinos de la Vera, con el objeto de continuar allí la vida contemplativa de los «ermitaños de la pobre vida», acogidos con posterioridad a la Orden de San Jerónimo.

En el año 1556 Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico decidió retirarse a algún convento para hacer en él vida monástica, eligiendo para ello el Monasterio de Yuste. Por esta razón tuvieron que realizarse numerosas obras para ampliar las escasas dependencias con las que el monasterio contaba en ese momento y que eran insuficientes para albergar al emperador y a las 60 o 70 personas con las que contaba su séquito personal.

La Casa-Palacio constaba de dos plantas con cuatro estancias cada una, alrededor de un patio interior. Las habitaciones del emperador estaban ubicadas junto al coro de la iglesia, de modo que le permitían asistir a los oficios religiosos desde su propio dormitorio, sentado en su litera, donde permanecía postrado debido a la grave afección de gota que le aquejaba. Durante la estancia del emperador en Yuste, numerosos personajes de la corte pasaron por allí para visitarle, entre ellos su propio hijo, el rey Felipe II.

 

Monasterio a comienzos del siglo xix

El 21 de septiembre de 1558, murió Carlos V en la que fue su última morada. Fue enterrado en la iglesia para, con posterioridad, ser trasladados sus restos al panteón real del Monasterio de El Escorial, por expreso deseo de su hijo Felipe II.

En 1809, durante la Guerra de la Independencia Española, las dependencias del convento fueron incendiadas por las tropas francesas2​ y quedaron prácticamente destruidas. Afortunadamente varias obras de arte del emperador Carlos, como La Gloria pintada por Tiziano, se habían restituido a la Colección Real tras el fallecimiento del monarca, por lo cual se salvaron. Los jerónimos fueron expulsados de Yuste y posteriormente, con la desamortización de Mendizábal, el monasterio fue puesto en pública subasta, iniciándose una época de abandono y deterioro del edificio.

 

Ruinas del monasterio a mediados del siglo xix tras la desamortización

En 1949, la Dirección General de Bellas Artes inició la reconstrucción del monasterio, procurando respetar al máximo el diseño y los proyectos originales. En 1958 los jerónimos volverían a repoblar el monasterio.3

En 2004 por medio del Real Decreto 1867/2004 el monasterio fue integrado en el Patrimonio Nacional.4​ En diciembre de 2009 abandonaban el Monasterio los monjes jerónimos. En marzo de 2013 volvió a ser habitado por dos monjes de la Orden de San Pablo Primer Eremita, procedentes de Polonia.56

Conjunto arquitectónico

El monasterio de Yuste presenta un conjunto arquitectónico que se compone de dos partes claramente diferenciadas: por un lado, el convento y, por otro, la residencia del emperador. El convento, a su vez, lo forman la iglesia, ubicada en el centro y dos claustros, uno gótico y el llamado claustro nuevo. La iglesia y el claustro gótico pertenecen al siglo xv, mientras que las demás construcciones son del siglo xvi.

 

El claustro renacentista del monasterio.

La planta de la iglesia es de una sola nave y de cabecera poligonal. El templo se comunica con el claustro gótico, el cual se dispone sobre planta rectangular, con un alzado de dos plantas, cubriéndose las galerías del claustro con techumbre plana de madera. La organización del claustro nuevo, de estilo renacentista, es similar al gótico.

Por lo que respecta a la vivienda de Carlos I de España, se trata de una edificación sencilla, en la que predomina el ladrillo, la mampostería y la sillería como materiales más utilizados, sin apenas elementos decorativos.

La planta principal de la que fuera residencia del emperador es sencilla, estructurándose en un pasillo central con dos estancias a cada lado. En el ala de la izquierda se encuentran la antecámara y la alcoba de Carlos I, estancia que se comunica con la iglesia. A la derecha se sitúan dos estancias más, con sendos miradores que dan a la huerta que completa el conjunto. Una de dichas habitaciones fue comedor y sala de audiencias.

Entre el escaso mobiliario de la residencia regia, destaca la silla construida especialmente para el monarca, que sufría de gota. También cabe mencionarse el reloj de bronce y plata, realizado por Jeremías Metzger y que está datado en 1562.

 

                                            

 

 

Palacio de los Condes de Oropesa (en Jarandilla de la Vera)

 

Fue mandado construir por Fernando Álvarez de Toledo durante el siglo XV una vez que Jarandilla fue integrada dentro del condado de Oropesa.

El emperador Carlos V se alojó en sus dependencias en 1556 mientras aguardaba a la finalización de la construcción de su residencia junto al monasterio de Yuste.

Resultó muy dañado tras el saqueo que sufrió por parte de tropas francesas en 1808 en el contexto de la Guerra de la Independencia.

Tras varias reformas, en 1966 se convirtió en Parador Nacional de Turismo por lo que en la actualidad se encuentra en un gran estado de conservación. El edificio se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

 

El conjunto histórico artístico de Valverde de la Vera,

Los Empalaos de Valverde de la Vera

La noche del Jueves al Viernes Santo los Empalaos marchan por Valverde de la Vera envueltos entre el misterio y la devoción.

 

El hecho de vestirse de empalao está asociado a una promesa realizada ante Dios  y ante la Cofradía de la Vera Cruz y de los Empalaos.

Este acto de penitencia personal, convertido en tradición, se viene realizando en esta preciosa localidad de la comarca de La Vera desde tiempo inmemorial y consiste en realizar un vía crucis descalzo por las calles de Valverde de la Vera.

El proceso de vestir al empalao es complicado y debe ser relizado con mucho cuidado para no dañar ni provocar heridas en el cuerpo. Lo primero es colocar una saya blanca desde la cintura hasta los tobillos, después se rodea con cuerda el torso y los brazos. Acto seguido se coloca un mástil de madera en posición horizontal sobre los hombros a modo de cruz. Se completa el atuendo con una corona de espinas en su cabeza y dos espadas en forma de aspas en la espalda.

Rodeados de misterio y anonimato los empalaos,  acompañados de sus correspondientes Cirineos que les alumbran y ayudan en caso de que caigan al suelo, recorren en absoluto silencio el itinerario del Vía Crucis a través de las típicas calles de Valverde de la Vera.

Es sobrecogedor ver el recorrido del empalao por la voluntad que pone en llevar a cabo su empeño. Así como también impresiona ver un cruce de empalaos, cuando esto ocurre ambos se arrodillan en señal de respeto. Y prosiguen con la estación de penitencia.

Una vez terminado el recorrido el empalao regresa al lugar donde fue vestido para ser socorrido inmediatamente por su familia y vestidores que le daran friegas con alcohol para activarle la circulación.

Es uno de los eventos más importantes de Valverde de la Vera y quizás de toda la comarca, y fue declarado de Interés Turístico Nacional el 18 de Enero de 1980.

Conjunto Historico Artistico de Villanueva de Vera

 

La comarca de La Vera está situada en el noroeste de la provincia de Cáceres. Formada por 19 pueblos, de los cuales 5 son Conjuntos histórico artísticos: Cuacos de Yuste, Garganta la Olla, Pasarón de la Vera, Valverde de la Vera y Villanueva de la Vera.

Un Conjunto Histórico es “la agrupación homogénea de construcciones urbanas o rurales que destaque por su interés histórico, artístico, científico, social o técnico, que constituyan unidades claramente delimitables por elementos tales como sus calles, plazas, rincones o barrios”.

Pasarón de la Vera: de origen medieval, situado entre la sierra de Tormantos y el río Tietar.

Aquí podrán visitar la Iglesia del Salvador, con su Retablo Mayor “de cascarón” y su órgano barroco. Cabe destacar el Palacio de Manrique de Lara, de estilo renacentista, de donde sobresalen las cinco grandes chimeneas. No hay que dejar atrás la Plaza Mayor donde se encontrarán un Rollo, símbolo de la autonomía judicial y penal de la villa y la casa de D. Luis Prieto. Pero no podrán dejar pasar la oportunidad de ver la Ermita de la Blanca, a unos kilómetros del municipio, llegando a ser la ermita más grande de la Comarca.

Garganta la Olla: el encanto de sus antiguas calles y la conservación de la arquitectura tradicional verata, hacen de este municipio un sitio especial. Hay que destacar la Casa de la peña, apoyada en un pilar de madera sobre una roca, la Ermita del Humilladero, la iglesia de San Lorenzo y la Casa de las Muñecas, famosa por ser un antiguo burdel que frecuentaban los caballeros de Carlos V.

Zona con parajes naturales como las Pilatillas de Abajo y las Pilatillas de Arriba. Además posee una de las piscinas naturales más bonitas de toda Extremadura.

 

Cuacos de Yuste: situado en el corazón de la comarca. En esta localidad se encuentra el Monasterio de Yuste, donde el emperador Carlos V decidió retirarse durante los últimos 2 años de su vida. Actualmente se trata de un museo que se puede visitar para conocer las dependencias, muebles y objetos que  utilizó el monarca.

Entre otros atractivos turísticos se encuentra el Cementerio Alemán, a pocos metros del Monasterio, la plaza de España, la plaza Juan de Austria, la plaza Fuente de los Chorros y la Iglesia Ntra. Sra. de la Asunción, situada en un antiguo barrio judío.

Valverde de la Vera: más conocida por su fiesta tradicional de los Empalaos, declarada de Interés Turístico.

Calles estrechas y tortuosas, regueras por el centro del empedrado por donde pasa el agua de riego de las huertas, viviendas construidas de piedra, con adobe de madera y sobrao, forman la arquitectura tradicional de esta villa. Mientras se pierden entre sus calles, pueden encontrar un Rollo en una plazuela cercana a la Plaza Mayor, el castillo de Don Nuño y los restos de las torres de la fortaleza.

Villanueva de la Vera: su arquitectura popular es de las que mejor se conservan hasta el momento en la Comarca. Es interesante visitar la Iglesia y la Torre de Ntra. Sra. de La Concepción, la Iglesia de San Justo y Pastor, la ermita de San Antón y la Ermita del Cristo. Villanueva cuenta con dos gargantas: Gualtaminos, donde podemos encontrar la Cascada del Diablo, y Minchones.

El Chorro de la Ventera

El Chorro de la Ventera

 Como venimos observando, casi todos los pueblos del Valle del Tiétar están vinculados a una o dos gargantas serranas que son las que les proporcionan el agua para sus regadíos y su consumo. En el caso de Villanueva de la Vera son dos las gargantas principales que discurren por su término: la de Minchones y la de Gualtaminos.

Las Juntas,confluencia de La Hoz y Minchones

La primera de ellas nace en la parte occidental del término y discurre de oeste a este recibiendo afluentes como la garganta del Chorro, donde se sitúa la cascada mayor del sistema central, el Chorro de la Ventera, que entre la caída vertical de sus aguas y las chorreras posteriores tiene unos ochenta metros de desnivel. Son tales sus dimensiones que en las épocas de deshielo o grandes lluvias es visible desde los llanos de Campo Arañuelo. Es un paraje muy hermoso rodeado de grandes robles y donde es muy frecuente la presencia de cabras monteses que beben en las pozas transparentes.

Garganta de Minchones cerca de Las Juntas

Para llegar a El Chorro iremos hasta la confluencia de la carretera de Madrigal a Villanueva con la propia garganta de Minchones. Tomaremos el camino que parte de su orilla oriental y subiremos por él, viendo enfrente el cerro del Castrejón que, como su nombre indica, aloja un castro céltico. Abajo vemos la presa y vamos disfrutando de las vistas recorriendo la pista entre pinares hasta llegar a la confluencia del camino que ya conocemos que va desde Madrigal hasta el Recuéncano, cruzaremos la garganta de Minchones por un puente de tubos y seguiremos el camino como indica el plano. Llegaremos al final a una portera cerrada que podemos pasar por un pequeño portillo que hay en el vallado junto a ella y bajaremos hasta la garganta de Minchones para seguirla por la orilla, o por el camino si tenemos permiso, hasta llegar a la confluencia de la garganta del Chorro, por la que subiremos a las cascadas por la orilla de nuestra izquierda.

Turbinas de la central eléctrica de Minchones

El paraje entre alcornoques y robles de buen porte, es impresionante, sobre todo si vamos en época de lluvias o deshielo, y no es extraño que encontremos cabras montesas en las inmediaciones. La subida es algo dura y empinada pero podemos si lo deseamos observar la cascada desde abajo con pozas en las que podemos refrescarnos.

Restos de queseras cerca del Chorro de laVentera

Como hemos visto en la ruta anterior, otro de los afluentes que desemboca en la orilla izquierda es la garganta de la Hoz, que como su nombre indica discurre en gran parte de su trazado por un cañón de grandes pendientes con numerosas pozas de aguas limpias y de color esmeralda de las que la más conocida y frecuentada es la del Recuéncano, una charca de grandes dimensiones con una enorme roca granítica por la que los bañistas se deslizan a modo de un gran tobogán, aunque el recorrido de esta garganta nos deparará numerosas sorpresas y parajes solitarios de gran belleza. Desde la confluencia de La Hoz con Minchones, en el lugar llamado de Las Juntas, la corriente gira en dirección sur para continuar su trayecto pasando por una antigua central eléctrica en ruinas que conserva restos oxidados de sus antiguas turbinas, y más tarde llega hasta un pequeño embalse situado a los pies de un castro céltico que conserva los restos de sus murallas pétreas.

La garganta de Gualtaminos se halla más cerca del núcleo urbano de Villanueva y es de menor caudal y longitud, aunque cuenta con lugares de interés como las accesibles cascadas del Diablo.

Garganta del Diablo.

 

                                

Cerca de Villanueva de la Vera está la garganta de Gualtamino (también conocida como Garganta del Diablo) en la que se encuentra la cascada conocida como Chorrera del Diablo.

Zonas de baño en la Chorrera del Diablo, cerca de Villanueva de la Vera

  El acceso a la Chorrera del Diablo está a unos 700m a la salida de Villanueva, en dirección a Madrigal. A la derecha de la carretera encontramos un aparcamiento de tierra y un camino. Hay un cartel señalizando la Cascada del Diablo, pero es un poco difícil de ver desde el coche. También puede servir como referencia el acceso a la piscina natural de la Garganta de Gualtaminos, que es la piscina municipal de Villanueva, y está situado unos 100-150m más adelante (siempre en dirección a Madrigal de la Vera). Es decir, si llegas al desvío a la piscina quiere decir que te has pasado el acceso a la Chorrera del Diablo.

Desde el aparcamiento de tierra parte un sendero señalizado y acondicionado que lleva hasta la zona de la Chorrera, con miradores para ver los saltos de agua. En verano, con el caudal más reducido, hay pozas en las que se puede bañar.

Este entorno es precioso, muy espectacular, y vale la pena visitarlo en cualquier época del año. Cuando la garganta lleva mucha agua las vistas y el sonido de la cascada es impresionante.

Castro Celta.El Raso

El Castro Celta de El Raso «Uno de los yacimientos célticos más importantes de toda la Península Ibérica. Data de la II Edad de Hierro de la Meseta de Castilla, entre los siglos II – III a C. Calificado como Bien de Interés Cultural» (del folleto de información municipal). Una necrópolis situada en un nivel inferior nos indica que los primeros siglos estuvieron asentados en zonas más cómodas para la vida y el pastoreo. Las razzias de Anibal para coger prisioneros y formar ejércitos para enfrentarse a Roma, allá por el año 220 a. C., acaso les obligó a subirse a lugares más apropiados para su defensa pues la expedición de este cartaginés llegó hasta Salamanca y se cree que bajó por el puerto del Pico. Sea cual fuere la razón, las catas efectuadas en diversos lugares del castro indican que todo se levantó en el mismo periodo.

                      

Una muralla que llega a alcanzar los 4 metros de grosor, realizada en mampostería en seco, cercaba el poblado. Alcanza los 1.800 metros de longitud lo que da al poblado un área de unos 150.000 metros cuadrados. Hay restos de varias torres cuadradas y de varios fortines en la parte superior, que, aunque aparece como más indefensa por la elevación del terreno en la colina posterior, contaba con varios fosos defensivos.

Por la parte que el castro limita con la garganta de Alardos se supone que, por lo escarpado del terreno, no existió el amurallamiento. No hay señales de incendios y por la forma de la caída de las murallas indica que fueron vencidos y obligados a trasladarse al valle pues no se pidieron llevar las grandes vasijas en las que guardaban las semillas.

Junto a las creencias mencionadas al hablar de los vettones hay que señalar, además, que por la presencia de una estatuilla de una cabra en una tumba se piensa que los habitantes de esta celebraban cultos a la diosa Ataecina, una divinidad celta a la que se relaciona con estos animales; protegía más allá de la muerte, aseguraba la resurrección; al mismo tiempo era protectora de las mujeres y de la fertilidad.

Se han encontrado algunas monedas romanas que van desde el año 134 a. C. al 47 a. C. que hablan del periodo mínimo en que estuvo habitado en contacto con los romanos.

No se ha encontrado la necrópolis correspondiente al periodo en que estuvo habitado el castro, sino que la hallada pertenece a un periodo en que habitaron en el llano; alcanza hasta el siglo III a. C. Por las tumbas se conoce que incineraban los cadáveres y las cenizas las guardaban en urnas junto a las que depositaban vasos pertenecientes a la actividad cotidiana, fíbulas, brazaletes, pinzas… con lo que se muestra su creencia en la vida posterior. Junto a los guerreros se depositaban sus armas inutilizadas, espadas, escudos, soliferros, falcatas

Como los vetones no conocen la escritura ni la moneda, las inscripciones de las aras votivas están escritas en latín pero los nombres corresponden a personas de procedencia vettona.

 

Respecto al posible nombre con que se conociese a este poblado en la antigüedad Fernando Fernández apuesta por situar en El Raso la Ebora clásica que otros autores sitúan en la actual Talavera, porque por el entorno de la población toledana no se puede hablar de defensas naturales; también apunta que en una de las aras el que la manda hacer tiene un nombre que apunta esta posibilidad, Eburenius. Es muy posible también que en los alrededores se asentase el llamado por los romanos Monte de Venus, en el que acampa Viriato en sus luchas contra los romanos; una razón muy similar es la que sirve para localizarlo en la zona; por la diferencia de altura y rocas escarpadas entre el monte de S. Vicente – donde la mayor parte de los historiadores sitúan el monte de Venus – y los que rodean al Raso, el entorno candeledano se presta más a un aprovechamiento para la defensa que el que rodea Talavera. Las excavaciones que en el castro ha efectuado, a lo largo de una serie de veranos, el profesor Fernando Fernández Gómez nos sirven para conocer bastantes aspectos de la vida de los vettones en el valle del Tiétar y de su forma de entender la vida.